Nach: "En la poesía estás solo en el baño susurrándole al
espejo."
Ignacio Fornés, Nach, lanza 'Hambriento',
su primer poemario donde recoge cuatro años de su vida: amor, desamor,
reflexiones, confesiones y, sobre todo, mucha soledad.
A Nach lo
conocemos todos como uno de los rappers más próximos a la poesía o, como el mismo
se denominó "el rapero que se creyó poeta, o el poeta que se creyó
rapero". Por eso, no extraña que el hombre de En la brevedad de los días
publique su primer libro de poesía con el sello de la editorial Planeta.
Hambriento es un libro con versos vacilantes entre la autoayuda y la
liberación. Poca rima y mucha anarquía. Un viaje extenso a través de cuatro
años de visitas vespertinas a bibliotecas públicas y cafés cargados. Nach deja
por escrito su reencuentro con lo más oscuro de su persona: el rapero universal
de oro y el hombre desesperanzado tras la máscara de la imagen pública.
P Hambriento es un título muy sugerente.
¿Tiene hambre todavía?
R Siempre. Estoy hambriento de vivir, de
experimentar, de dar y recibir afecto. Es un hambre vital que nos mueve y nos
hace caminar, nos mantiene en ese círculo constante vital.
P ¿Y por qué este libro, un libro?
R Con el rap no podía llegar dónde quería,
no podía expresar ciertas emociones y sensaciones. Mirando a través de la
poesía he podido conseguir cosas que con el rap me habría resultado imposible.
En un primer momento no lo tenía nada claro, luego sirvió para darme cuenta de
que esas emociones necesitaban ser liberadas así y de ninguna otra forma.
Siempre he escrito poesía de una manera un tanto anárquica, me gustaba el
feedbackentre el papel y mi mitad escénica, pero llegó un momento en que
necesité ir más allá y cerrar el círculo con algo que fuera editado, que se
pudiera mostrar.
P Sus poemas tienen algo de desahogo. ¿En
qué circunstancias comienza Hambriento?
R Acababa una relación y me convertía en una
persona soltera. Al mismo tiempo comencé a tener nuevas experiencias, empezaron
a pasarme cosas en el interior que no quería dejar aprisionadas porque me
estaban causando un poco de ansiedad. Ahí vi que era el momento de poner todo
eso sobre el papel.
P Cuatro años es bastante tiempo. ¿Cómo
transcurrían los días escribiendo poesía?
R Influyeron mucho los horarios. Escribir
rap era por las noches con música beat e instrumental sonando. Esto fue más de
irme por la mañana a la biblioteca a escribir. Sí sí, como cuando iba a la
universidad, hacía que tuviera una disciplina. Por las mañanas escribía poesía
y por las noches, si cuadraba, me ponía con la música. Nunca han interferido,
todo lo contrario. De hecho la cadencia de escribir poesía era mucho más
relajada. En el rap entro en otro estado porque me pongo los auriculares, me
fumo un cigarro... Estoy mucho más alerta.
P Antonio Machado, Sara R. Gallardo, Paul
Valéry... Las referencias a escritores y poetas son extensas y variadas. ¿Le
ayudaba con sus versos algún poeta o escritor que tenga de cabecera?
R Ha habido muchos. Ninguno en concreto.
Desde Constantino Cavafis hasta la generación del 27 -lo que más me marcó en mi
adolescencia- incluso las mujeres de esa generación, las Sinsombrero, que
fueron tan ninguneadas. Desde lo más clásico como Emily Dickens (el que más me
costó), hasta los más noveles, como Sara Gallardo. Luego estaba gente más
alternativa como Batania, que me parece un puto crack o Roger Wolf, que hace
otro tipo de propuesta. Todos me iban alimentando en diferentes aspectos. Me
motivó mucho que ellos sacaran adelante su propuesta y la hicieran realidad en
un libro, como yo tenía en mente.
P En Hambriento abre el apetito del lector
con un primer acercamiento al amor y a la vida con expectación, lo que da paso
al desamor y al dolor. Pronto llega la soledad para terminar amainando en una
serie de versos nihilistas y reflexivos. Es curioso como una parte es
contestación y causa de la anterior.
R Es un viaje emocional, un viaje por salir
y comenzar una nueva búsqueda. Al principio fue salir y encontrar nuevas
personas, luego aparecen situaciones que desembocan en frustración. Soy una
persona muy intensa que no podía fluir por ser un personaje público. No quería
que nada me frenara, quería hacer lo que me saliera de la nariz. Es un camino
en el que al final, al regresar de vuelta a casa, parece que los muebles son
otros, que todo ha cambiado pero todo sigue igual a la vez.
P Fue uno de los primeros raperos en fichar
por una discográfica como Universal, lo que levantó numerosas críticas. ¿Le da
miedo que le tomen por "otro rapero que saca un libro"?
R La gente lo agradece. La expectativa es
muy alta, eso sí. En mi caso mucha gente sabe o percibe esa faceta poética en
mí, a lo mejor de otro tipo de rapper sorprendería más. De todas formas me da
igual lo que diga la gente. Quiero llegar a donde yo quiera sin perder mi
esencia y para eso me tengo que apoyar en determinadas discográficas y en
determinado tipo de gente. Sobre todo por Latinoamérica, donde me siguen mucho.
Gracias a Planeta o a Universal puedo llegar con mucha más soltura. La gente de
ahí se lo merece.
P En uno de sus poemas, Gotas, deja caer
sobre el papel 18 lágrimas. Cada una motivada por una circunstancia distinta.
¿Qué saca su rabia día a día?
R Muchas cosas. Me enfada que sea la imagen
superficial la que importa. Tras las redes sociales la gente se atreve a decir
algunas cosas con una soltura y un atrevimiento que esconde una ignorancia muy
grande. La falta de empatía es algo que lamento mucho. Lo que nos hace humanos
se ha perdido y me da pena.
P Si ya sus letras decían mucho de su vida
personal, Puertas y maniquíes o Mi miedo y yo descubren un Nach desnudo e
indefenso.
R Soy una persona muy vulnerable, muy
sensible, bastante inestable y bastante neurótica, a pesar de la imagen de
entereza que la gente tiene de mí. Me encierro en mí mismo. Al ser un personaje
público las cosas me afectan de una forma que al que trabaja en una oficina no le
pasa. Una vez tuve un ataque de ansiedad porque me sentía triste. El que
trabaja en una oficina se toma un café y se sienta en la mesa, yo tenía que
subirme a un escenario y enfrentarme a 30.000 personas, no es comparable.
Estallé. Nadie me había enseñado esta vida, cómo prepararme, cómo
enfrentarme... Me vi solo ante algo que no es la música, aunque la acompañe.
P ¿Puede decirse entonces que escribir
poesía le ha servido más de terapia que el rap?
R A nivel terapéutico ha sido mucho mayor.
El rap era estar en una habitación contándoles cosas a otros, con música, copas
y mucho ruido. En la poesía estás solo en el baño susurrándole al espejo. Él y
yo solos. Y ahí hablas contigo mismo de una forma mucho más cruda, mucho más
sincera que desahogándote con otro ser en una cafetería.
P ¿Qué aspectos ha descubierto de su
interior que desconocía antes de reencontrarse consigo mismo?
R Un punto de desesperanza, de soledad, que
en mi día a día no estaba tan presente o trataba de esconderlo con éxito. Esa
necesidad de abrazar a alguien cuando vas por la calle y saber que no puedes
hacerlo porque no puedes hacerlo, eso de querer comunicarte con la gente de una
forma tan especial y ver que no tampoco puedes... No sabía que todo esto era
tan intenso en mí.
P Ahora que ya ha saciado su hambre, ¿qué
espera con Hambriento? ¿Es este el comienzo de una etapa como poeta?
R He conseguido todo lo que quería
Hambriento. Todo lo que venga ahora no me va a afectar tanto porque estos años
están ahí y ya forman parte de la memoria, van a verse reflejados de una manera
muy exacta. Todo lo que venga ahora no importa. Lo que viene ya no lo controlo,
no puede pretender que la gente ame lo que hago. No es un punto final, pero ya
estoy relajado, enfrascado de nuevo en el rap. He acabado un poco saturado de
tanto poema, pero nunca se sabe. Seguro que en menos de lo que espero escucharé
una vocecita que me dirá: "¿por qué no vuelves, ¿por qué no vuelves?"